google.com, pub-9228668148700582, DIRECT, f08c47fec0942fa0 La conciencia ciudadana: Santiago Quintero // Carta de un semáforo a un candidato (Sin Comentarios)

Santiago Quintero // Carta de un semáforo a un candidato (Sin Comentarios)

Disculpa, amigo candidato, que te ponga la luz roja a ti mientras que a los demás les puse la verde. Mi intención era que, en el minuto que robo tu atención y en la que recibo tus insultos porque tienes prisa, leyeras esta humilde carta que no tiene otra intención que la de imprimirse en tu conciencia, en lugar de un papel que termine tirado en la calle obstruyendo alcantarillas como suele ocurrir con tu propaganda y la de tus colegas.No te preocupes, que soy experto entrando en materia como cambio de luces.
El que un niño de diez o doce años esté limpiando el parabrisas de un automóvil y no esté en la escuela aprovechando con conocimiento los que deberían ser los años más hermosos de su vida, significa lamentablemente que le estamos abriendo la escuela del delito y no la de los valores. Cuando la madre de una niña de ocho años es el asfalto del pavimento ¿Qué podemos esperar de su hogar cuando sea adulta? ¿Cómo es posible que estas cosas pasen y que exista gente que vive de la política, del discurso público, años van y años vienen, y no han podido crear una política para atender a los niños de la calle? Es absurdo el que la respuesta sea la culpa de otros. ¿Y donde está la responsabilidad del Estado, de la sociedad, de las instituciones? ¿Tiene algún caso atacar a la Iglesia que los atiende, a los religiosos y religiosas que les ofrecen su amor y su cuidado?
Cuando se ataca a la Iglesia, se ataca al niño de la calle, se ataca al huérfano sin hogar, se agrede a la piedad, a la solidaridad, al amor, al afecto. ¿Por qué el Estado se empeña una y otra vez en ejercer su paternidad irresponsable a través de la negación de los recursos para atender a esta población desprotegida? ¿Dónde está la realidad de tanto discurso, de tanta palabra si la acción es la de crear más pobreza?
El dinero que debiera servir para construir un buen ciudadano de ese niño de la calle, se desperdicia haciendo estallar cohetones para celebrar su miseria, su bienvenida a la escuela del mal, ¡al mundo del delito! ¡Qué tristeza! Algunos creen que la prédica del odio es el ingrediente indispensable para mantener el poder, para ejercerlo. Muchos se empeñan en vivir egoístamente. No entienden que el mayor egoísmo es el resentimiento. Porque el resentimiento no permite pensar en asuntos que trasciendan al individuo. Un individuo resentido, estigmatizado con él mismo y con lo que le rodea, no puede llevar a su pueblo a otra cosa que no sea la guerra, la miseria, la pobreza, porque su resentimiento personal con sus padres, con sus tíos, con sus hermanos, con sus esposas, tarde o temprano lo llevarán a quemar la casa con todo lo que tiene dentro como individuo. Porque en el fondo el individuo resentido es el más grande egoísta con lo que es, con lo que siente de sí.
La reflexión en particular va dirigida hacia los funcionarios públicos, hacia los políticos, hacia los gobernantes y los aspirantes a serlo como tú. Si no vas a sacar a los niños de la calle, a los indigentes de los semáforos, ¿para qué quieres gobernar a tu pueblo? ¿Para ser uno más del montón, para ser un asesino más en serie de la credibilidad pública?
Yo no soy ni casa, ni techo, ni escuela para ellos.Apenas alcanzo a parar a los automóviles cuando me hacen caso, es decir, cuando les da la gana últimamente. La gente, entre las que te encuentras tú, creen que yo soy la vivienda modelo para esos niños .He llegado a creer que el gobierno de verdad le va a poner mi nombre a su plan de residencias en la calle, y hasta he visto candidatos comprando carpitas para colocar a los indigentes en las aceras esperando la próxima invasión o apropiamiento. Muchos creen que tengo cara de toldo, algunos me tomaron de modelo para sus gallineros verticales.
¡Por favor hermano, cuando llegues al cargo que quieres, tápate el hueco que tienes en el corazón y saca a los niños de la calle! Te lo pide un semáforo. Toma tu luz verde y cuídate. Pero piensa también en como cuidar a esos muchachitos, que te lo están pidiendo a gritos aunque en su silencio solo alcancen a estirar la mano para que le subsidies la miseria.Aprovecha tu luz verde para no ponerle la roja al futuro de esos niños.Vale por ellos y vale por ti. Hasta la próxima.

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